martes, 17 de enero de 2017

5. La vida de R.

La vida de R. se había vuelto muy monótona en los últimos tres años debido a que había alcanzado el éxito profesional que tanto había ansiado aunque a cambio había sacrificado su vida social y herir de muerte la actividad sexual de su dormitorio. Solamente Roberto, su dildo, no la decepcionaba. Los demás hombres solo la querían para una noche y ella tampoco tenía tiempo para mucho más.

Desde hacía tres meses su cama estaba vacía. No es que la última vez no fuera digna de recordar pero hay que actualizar el software de vez en cuando. Ella estaba casada pero su marido nunca estaba en casa, R. no quería hacer preguntas aunque sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a la realidad, no era el momento. Su marido también había crecido profesionalmente y era el dueño de una empresa de servicios turísticos a nivel global. 

La única alegría de su vida era su perrito Candy. Siempre la escuchaba y siempre la esperaba al lado de la puerta cuando llegaba a su casa muerta de cansancio. Era la luz de la sombra de su matrimonio. Tanto la ausencia cómo la presencia de sentirse atada a un hombre había desilusionado profundamente a R. Su vida parece tener un sabor amargo a sus treinta años a pesar de tener todo lo que siempre había deseado, era infeliz. 

Iba al gym, hacia yoga dos veces por semana y se hidrataba el cuerpo completamente por la noche. Se cuidaba lo mejor que podía y tenía especial predilección por la mascarilla de aguacate natural para la cara y el cabello antes de dormir. 

Su ático en la calle Almagro la conectaba con la vida urbana de Madrid y se preguntaba si alguna vez escribiría un libro sobre los vecinos o las historias de las personas que pasaban frente a ella.

Por eso decidió bajarse la aplicación de Uber, deseaba conocer hombres nuevos...







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