martes, 17 de enero de 2017

2. La tienda de los fetiches

La música de "Tarántula" -un disco de Mónica Naranjo- resonaba por toda la habitación de P. mientras se preparaba para marcharse a trabajar. Al ponerse las zapatillas de Adidas se daba cuenta que habían pasado dos años desde que había ascendido a "Assistan Store Manager", justo el mismo día que se había comprado ese par de zapatillas. Ahora la vida de P. era diferente...

Pasaba mucho tiendo en la tienda fetichista y llena de fetiches en la que había sido contratado. Él amaba su trabajo y quizás se había convertido en un esclavo del placer por deformación profesional. Su look era ahora un poco más leather y por las noches era el encargado de amenizar y preparar todo tipo de fiestas temáticas en la sala de arriba que también se utilizaba para rodajes porno ¿Se puede pedir más? Era un aprovechamiento total del espacio.  

P. se sentía el gay más afortunado del mundo a pesar de qué el hombre con el que se había casado estaba en la otra punto del mundo y obligándose a ser pareja abierta. Todo parecía ir cómo la seda pero ayer había visto "La flor de mi secreto" de Pedro Almódovar y la frase que Marisa Paredes le arroja a Imanol Arias había calado hondo en un rincón de su alma: "¿Hay alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar lo nuestro?"

Ramiro era el marido Argentino que se diferenciaba de P. en diez años y que estaba disfrutando de su famosa crisis de los cuarenta en todo su esplendor. La suerte lo había sonreído y se había convertido en dueño de una cadena hotelera y de Spas alrededor del mundo pero la riqueza también conllevaba mucha responsabilidad y viajar... Algunos dicen que los Argentinos son libres y son libertinos. No siempre es así pero en el caso de Ramiro era cierto. 

La relación entre ambos estaba en punto muerto. La proposición de "Living apart together" estaba bien cuando era en la misma ciudad pero a nivel global perdía su encanto y P. no sabía decir que no... 

Desde ese día P. ya no fue el mismo pero cuando se dio cuenta de que su marido de verdad se iba fue cuando perdió el Norte de verdad. Una cosa es decir las cosas pero otra muy distintas es llevarlas a cabo. También decía que Ramiro hablaba mucho pero que no hacía nada hasta que lo hizo... 

La vida de P. se sumió en una niebla permanente llena de Poppers, Odarko y sexo en grupo que casi le cuesta la vida -lo explicaré más adelante-. Un día se levantó, se miró al espejo y ya no sabía quién así que volvió a la cama e intento mentirse creyendo que todo era una pesadilla de la que algún día sería lo suficientemente valiente para despertarse. 

Sorprendentemente su cuerpo tenía hambre, quizás cómo un zombie inconsciente su estómago quería comer un kebab. Se vistió con su polo negro, sus jeans desgastados y sus zapatillas de Adidas. Su vestuario se había convertido en algo así cómo su uniforme para salir a la jungla de Madrid, algo impensable pues en los buenos tiempos adoraba combinar todo tipo de accesorios y ropa. Su buen gusto era conocido por todos. No salía de casa sin sus gafas de sol, eran su mejor amiga, siempre iba con ellas. 

Como cualquier otro día, P. iba caminando por la Calle Montera hasta que escuchó una voz familiar:

-¡P.! ¡Cuánto tiempo P.! No nos veíamos desde el instituto -P. se dió la vuelta y comprobó en sus carnes eso que decía la sabiduría popular. Parecía ser cierto eso de que el pasado siempre vuelve-.




No hay comentarios:

Publicar un comentario